Coutinho, una transformación de oro

El brasileño lleva tres asistencias, dos asistencias y un gol (al Sevilla), un juego que nada tiene que ver con su primera etapa
Su ultimo gol en el Camp Nou lo celebró tapándose los oídos; esta vez con alegría dedicándoselo a su esposa, que está embarazada

El mismo día y a la misma hora que su Liverpool se estropeaba y de qué manera ante el Aston Vill a, Coutinho dejaba ver en el Estadi aquella versión que le consagró en el mítico Anfield y que hizo que el Barça le convirtiera en el fichaje más caro de su historia. La vida le ha cambiado a Coutinho. Y ha tenido que ser un técnico frío como el holandés quien le haya devuelto la alegría. No es aquel melancólico y desubicado que pasó en tiempos de Valverde y al que pusieron a la venta como una pieza de saldo. Es otro muy distinto, casi irreconocible.

El gran mérito de Koeman ha sido ubicarle en el sitio perfecto en un sistema tan exigente como el azulgrana. Lo tuvo claro cuando el Barça le llamó para suplir a Setién. Cogió el móvil y le rogó a Cou que se quedara, que le reservaba la mediapunta. Nada de ser un interior extraviado, puesto para el que le contrataron, como si fuera Iniesta, sino para funciones más ofensivas. La idea está surtiendo efecto. Tres titularidades, dos asistencias y un gol. En total, 83 encuentros y 21 tantos.

Frente al Sevilla destapó sus esencias. Hizo metódicas incursiones, presionó hasta la extenuación, se asoció con todos y, desacomplejado, probó de nuevo el disparo en varias ocasiones. Bono frustró la belleza del gol pero no su importancia. Un par de minutos después de que Luuk De Jong adelantara al equipo andaluz, Coutinho se encargaba de establecer el empate. Aprovechó un balón muerto en el área dejado por Navas, un error de la defensa, para empalmar a gol de manera inapelable. El fútbol quiso compensarle después de tantos sinsabores y a las primeras de cambio. El esfuerzo, la mutación, la transformación sufrida, han valido la pena.

Su último gol antes de emigrar al Bayern fue un golazo, un obús desde fuera del área, que destiñó con su celebración. Harto de silbidos y reproches, el brasileño se puso las manos en las orejas a modo de pública reivindicación. La grada nos e lo perdonó. De vuelta al Camp Nou, su primer tanto no encontró la complicidad de la grada, el tributo de la grada. Lo celebró esta vez de manera familiar, dedicándoselo a su esposa embarazada, poniéndose el balón en la barriga por debajo de la camiseta. Con el estadio vacío nadie la aplaudió, aunque a buen seguro que los aficionados lo hubieran hecho.

Enchufado a la banda izquierda

Coutinho dio ayer más valor a una banda izquierda que funcionó mejor y más cronometrada que la derecha. El brasileño supo encajar en todas las asociaciones que idearon Messi, Alba y Ansu Fati. Se sumó más al ataque escorad a la izquierda. Sólo en una ocasión buscó a Sergi Roberto con cierto peligro pero la lista no dio para más. En el gol, Ansu atacó, Messi buscó a Alba y el corte cayó a los pies de Coutinho, que no perdonó. Esta vez no.

El brasileño es feliz y no esconde su nueva felicidad. Ni en el vestuario ni en las redes sociales. La confianza de Koeman tiene mucho que ver. La satisfacción de Coutinho es la satisfacción de Koeman y también la de dirección deportiva. Hay necesidad de recuperarle como uno de los grandes patrimonios del club

TOMADO: https://www.mundodeportivo.com/

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Mi nombre es Jorge Infante Verdecia, vivo en la provincia de Holguín. Soy fiel seguidor del FC Barcelona y Brasil, es decir fanático del buen fútbol.

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