Europa en Azulgrana

Colaboración de yan17

Sigue con nosotros el acontecer de los partidos de ida de semifinales en la UEFA Champions League y en la Europa League

Devastado por las bajas de sus atacantes más resolutivos, al Tottenham solo le restó aguantar el tormento ante un Ajax cada vez más mandón. En la refriega, el equipo de Pochettino perdió a Vertonghen, su central más claro con la pelota. Un choque con Alderweireld le obligó a abandonar el campo con la nariz rota antes del descanso. La entrada de Sissoko, y la formación de un doble pivote con Wanyama, derivó en un mejor control del adversario. Pero el Tottenham se aplanó y apenas logró prosperar por las bandas en un intento desesperado por resistir. Reagrupado en la segunda parte, el Ajax pareció inclinarse por administrar la ventaja obtenida con el gol de De Beek. Incluso contemporizando generó ocasiones, como la que tuvo Neres, que mandó al palo el que pudo ser el 0-2. Si el Tottenham no encuentra nuevos recursos, parece poco probable que pueda cambiar su destino en la vuelta en Ámsterdam.

Sobre las pizarras no hay circulación de balón capaz de resistir una presión bien organizada. Ya lo dijo el tragicómico Bielsa: “Si mis jugadores fueran robots yo ganaría todos los partidos”. Allegri doblegó al Ajax en la pizarra. Pochettino también. El problema de enfrentar al Ajax no es esquemático ni organizativo. Es energético. Mientras no se agotó el depósito de combustible de Wanyama, mientras Dele Alli tuvo fuerza para correr a ubicarse ahí donde había que formar una línea de cobertura y cortar un pase, mientras Eriksen permaneció fresco para acudir a apretar a los rivales que se desmarcaban, los planes tácticos se cumplieron con puntualidad y los tres centrales del Tottenham nunca se vieron superados. Pero cuando los pulmones de los resistentes dejaron de dar abasto y los músculos comenzaron a fallar por falta de oxígeno, la pradera descubrió espacios vacíos y en ellos aparecieron libres los futbolistas del Ajax para recibir la pelota. Tocando y tocando compusieron otra sinfonía.

La crisis energética se declaró a partir de los diez minutos. La señal la emitió Matthijs de Ligt. Como si oliera la flaqueza entre las camisetas blancas, este adolescente de rostro pálido y cabeza dorada elevó la zaga hasta el campo del equipo local y comenzó la demolición. Todo aquello que había funcionado mientras los jugadores del Tottenham pudieron bascular, la defensa colocada, el robo y el pase largo a Llorente para desquiciar a Blind, comenzó a romperse. Fue la consecuencia inexorable de unos cuantos factores que comenzaron por el comportamiento descomunal de De Ligt, que a sus 19 años se adueñó del partido con cada anticipación, con cada corte, con cada intervención. Durante una hora, con la intermediación de este central insólito, Tottenham fue un barrio de Ámsterdam.

La actuación de De Ligt constituyó un mensaje apabullante para Llorente, Moura y Dele Alli. Un mensaje intimidatorio por avasallador. A De Ligt no le basta con defender su territorio de la invasión del delantero. Necesita invadir él mismo el espacio de los oponentes. Cada vez que se lo propuso, salió airoso y por delante se le movieron todos sus compañeros. De la salidas de De Ligt y los apoyos del resto se generó una dinámica de agitación que multiplicó las posibilidades de combinación al tiempo que obligó a los jugadores del Tottenham a esfuerzos continuados para tapar brechas que con cada minuto se hacían más profundas.

Los constantes movimientos de permutas y desmarques del Ajax hablan de un equipo que trasciende la innovación. La alternancia de salidas de balón con De Jong por el medio y por el lateral izquierdo; el desplazamiento de los extremos sin parar en busca de superioridades, y la sincronización de todos los demás por obra de Tadic, gran creador de espacio y tiempo en el centro de la rueda, es el producto de un estado de gracia colectiva. Estos chicos se han encontrado un poco por casualidad y han descubierto que afrontan el umbral de un desafío épico. Les apasiona lo que tienen entre manos. Hay algo espontáneo en este equipo. Algo efímero y natural que raras veces ofrece el fútbol industrializado. La velocidad a la que mueven la pelota y acaban reventando la presión de los equipos más avezados sería inconcebible sin ese punto de locura. El gol sintetizó su modus operandi.

Tadic recibió una pelota en la banda, en la zona en la que Pochettino mandó el acoso. Wanyama, Llorente y Alderweireld le tendieron la trampa rodeándole. Pero cuando la pelota parecía en su poder el serbio se les escapó como Houdini. Levantó la mirada, vio a De Beek suelto a diez metros y le entregó el balón. De Beek jugó a un toque con Ziyech que se acercó desde la derecha y vio libre a Neres corriendo por el extremo izquierda. El brasileño obligó a la defensa del Tottenham a girar en masa. Un sobreesfuerzo sobre el sobreesfuerzo. Puro desgaste físico y mental que se acentuó en los segundos sucesivos. En lugar de centrar, Neres volvió a jugar al mediocampo en donde se sumó De Jong. El mediocentro conectó con Ziyech, y el marroquí habilitó a De Beek en la línea del fuera de juego sin que los oponentes consiguieran llegar a tiempo. Colándose entre Rose y Vertonghen, el mediapunta definió solo ante Lloris.

Pochettino hizo de la lesión de Vertonghen una oportunidad para reajustar a su equipo. El Tottenham deshizo el 5-3-2 y se rearmó con el 4-4-2. Sissoko y Wanyama ayudaron a estabilizar su defensa en la medida en que ambos contribuyeron a interrumpir las líneas de suministro entre Tadic, Ziyech y Neres. A cambio de un mayor empuje, el Tottenham perdió ingenio en las transiciones. El juego se hizo predecible. Solo Dele Alli fue capaz de tirar entre los tres palos. El remate, desde fuera del área, lo paró Onana sin esfuerzo. Señal de la evidente superioridad del Ajax, impulsado por su juego vibrante y por la plaga de bajas del Tottenham.

El Barcelona sufrió como nunca, pero sacó un excelente resultado ante un Liverpool que fue mejor sobre el campo y que se va a casa con un 3-0 que tardará en digerir. Los dos goles de Messi y el de Luis Suárez acercan a los de Valverde a la final de la Champions, pero aún no está hecho y fútbol es fútbol. Le quedan 90 duros minutos en Anfield para llegar al Wanda, donde esperan lograr la sexta orejona que vaticinó el pitoniso Messi en pretemporada. La final está tan cerca como las dos horas y cuarenta minutos que separan en AVE la ciudad Condal y Madrid. El Liverpool, mermado algo por las bajas, no supo culminar sus claras ocasiones y eso se paga. En la vuelta tendrá que hacer una machada para repetir final

Barça y Liverpool dejaron claro en el Camp Nou que había una final en juego. Y no una final cualquiera, la de la Champions. Es la hora de la verdad y ambos equipos lo dieron todo en un partido trepidante, con un ritmo muy intenso, jugado a gran velocidad, individualidades dignas de Balón de Oro y con alguna imprecisión, sí, pero eso es lo de menos. La primera mitad se jugó como si estuviera todo en juego en 45 minutos, sin que hubiera segunda parte ni partido de vuelta. Los de Klopp salieron con una presión alta, efectiva en muchos casos ante la lentitud de Rakitic y Arturo Vidal, que provocaba rápidas contras de los ingleses. Y ahí es donde aparecían Salah y Mané para poner en serios problemas a la casi siempre segura defensa azulgrana.

El Liverpool se mostraba cómodo sobre el campo, pero no contaba con la lesión de Keita tras una entrada de Rakitic. Salió Henderson por él y ya no fue lo mismo. Cambió Milner de banda y Jordi Alba lo aprovechó en la primera ocasión que tuvo para servir un pase magistral a Luis Suárez para abrir el marcador. El uruguayo se coló entre Matip y Van Dijk para batir a Alisson. El charrúa, muy ansioso y rozando la amarilla en varias acciones, eligió el mejor día para marcar su primer gol en esta edición de la Champions.

Los reds siguieron con su guión inicial pese al gol encajado y Mané tuvo el empate tras un gran pase de Salah entre Sergi Roberto y Piqué, pero su remate se fue alto. La jugada fue muy similar a la del gol azulgrana, pero el desenlace no fue el mismo afortunadamente para los de Valverde. El descanso dio una merecida tregua a dos equipos que por juego se merecen la final.

Lo de segundas partes no son buenas no vale para este partido. No se había cumplido el segundo minuto cuando los 98.000 espectadores enmudecieron unos segundos ante un jugadón de Salah dentro del área tras el que le llegó el balón a Milner para que este disparara ajustado al palo y se luciera Ter Stegen. Cinco minutos después fue Salah el que lo intentó desde fuera del área y de nuevo apareció Ter Stegen. Y no hay dos sin tres. Nuevo jugadón de Salah, dejada de Wijnaldum y Milner remata a placer pero centrado a las manos del meta alemán. Sus paradas en el el inicio de este periodo pueden valer una final.

Lenglet va a tener pesadillas con el egipcio, al igual que Sergi Roberto con Mané. No estaba el Barça muy acostumbrado esta temporada a sufrir tanto atrás. El primer cuarto de hora fue de claro dominio inglés y Valverde empezó a mover banquillo. Semedo salió por Coutinho y Sergi Roberto adelantó su posición. El Barça no tenía el balón y así es vulnerable. Salió el tocado Firmino dando más poder ofensivo al Liverpool, pero no le funcionó a Klopp.

El partido entraba en el último cuarto de hora y el guión estaba siendo el mismo hasta que apareció Messi para resolver la eliminatoria. Primero aprovechó un rechace del larguero tras un remate de Luis Suárez con el muslo para hacer el 2-0 y después marcó un golazo de falta directa que bien vale una final.

El Liverpool, con 3-0 en contra, siguió intentándolo y pudo meterse en la eliminatoria con un remate de Firmino que sacó Rakitic sobre la línea y el remate posterior de Salah se fue al larguero. Estaba claro que no era el día del Liverpool. Dembélé falló el cuarto en el último suspiro. El Barça, aunque parezca increíble, no jugó bien pero acaricia la final. Allí le puede esperar el Ajax, la final soñada de Johan Cruyff.



El Valencia tendrá que intentar casi un milagro ante ael Arsenal la próxima semana en Mestalla para estar en la final de la Europa League después de perder 3-1 en el Emirates Stadium en un partido vibrante en el que logró adelantarse, para después verse superado por el equipo inglés. Se trata de un pésimo resultado que obliga a ganar por dos goles de diferencia en Mestalla la próxima semana. El cambio de dibujo sorprendió a Emery, pero el Arsenal remontó el 0-1 de Diakhaby y, cuando el Valencia daba por bueno el 2-1, llegó el tercero de Aubameyang que obliga a lograr un resultado mayúsculo en la vuelta.

Marcelino descubrió su plan en el momento en que entregó a la UEFA la alineación titular con seis defensas -cuatro centrales y dos lateral ofensivos- con los que pretendía fortificar un equipo que echa de menos al lesionado Kondogbia y al sancionado Coquelin. Había un motivo para no hacer uso del entrenamiento oficial en la sede del partido en la víspera. Y era ése. El técnico ensayó por la mañana en la ciudad deportiva con este nuevo dibujo.

El entrenador blanquinegro no se fiaba de la minicrisis por la que atraviesa el equipo inglés en la Premier -tres derrotas seguidas, nueve goles encajados- y decidió proteger su portería con una todo su arsenal de defensas.

La falta de músculo en el centro de campo la suplió con el central Diakhaby a quien puso por delante de los tres centrales como pivote defensivo. Y no pudo estar más oportuno en los primeros minutos. Una falta sobre el jugador francés cuando conducía el balón en campo visitante dio origen una ocasión inmejorable de Garay que chutó demasiado alto. Y después marcó el 0-1 de cabeza al rematar de cabeza un córner ensayado y bien ejecutado por Parejo y Rodrigo.

El plan le salía redondo a Marcelino. El Valencia manejaba el partido sin ningún agobio. Presionaba, robaba y contragolpeaba. Y el Arsenal no daba señales de vida, salvo en su propia área. Peter Cehc respondió con una gran estirada a un trallazo de gol de Parejo. El intento posterior de cesión de Maitland Niles al meta checo resumía las deficiencias defensivas del equipo inglés: toque defectuoso de cabeza que a punto estuvo de dejarle el balón a Guedes.

Parecía que el equipo inglés solo podría reaccionar con alguna genialidad de sus dos delanteros. Y así fue. Lacazette rescató un balón en el centro del campo, buscó a Aubameyang que encaró ante la salida de Neto, con la suficiente sangre fría como para esperar a su compañero que marcó a placer sorprendiendo desde atrás.

El gol tuvo un efecto brutal en el partido: envalentonó al Arsenal y atribuló en exceso al Valencia.

De pronto los ausentes Ozil, Xhaka o Kolasinac empezaron a aparecer donde antes solo encontraban rivales y el juego se desniveló hacia la portería de Neto y así llegó el 2-1, con un claro sello Premier: un centro lejano desde la izquierda del medio bosnio superó a Roncaglia y otra vez Lacazette remató de cabeza picando el balón. Fue necesaria la tecnología del gol de la UEFA -el reloj del árbitro que vibra cuando supera la línea de meta- aunque las repeticiones dejaron claro que el balón había entrado a pesar de que el portero brasileño llegó a desviarlo.

Con el marcador a favor, el equipo inglés asedió a un Valencia al que le costaba demasiado salir a la contra. Se sucedieron ocasiones de Lacazette -espléndido-, Aubameyang y Ozil, que no lograron rematar con claridad, mientras que el Valencia buscaba la fórmula que le había permitido someter al Arsenal los primeros 15 minutos de partido.

Fue tras el descanso cuando el equipo valencianista enfrió un poco las ideas. El Arsenal trataría de buscar el tercer gol y ahí era donde podría explotar el contragolpe. Podría haber sentenciado antes Lacazette: primero, no acertó a rematar de cabeza después de otro error de Roncaglia y, después, se encontró con el pie derecho salvador de Neto.

El Valencia lo intentaba saliendo por velocidad: primero con una combinación eléctrica entre Rodrigo y Guedes a la que no llegó por poco el jugador portugués. Marcelino mantenía el dibujo con las entradas de Wass y Gameiro y el delantero francés a punto estuvo de hacer gol en el primer balón que tocó. Pero Cech le adivinó la intención. Poco después, disparó demasiado alto tras una jugada personal dentro del área.

Cuando parecía que el partido acabaría 2-1 que dejaba la semifinal abierta, llegó el tercer tanto de Aubameyang.

La semifinal entre los dos equipos más goleadores de la Europa League -Chelsea (31) y Eitracht Frankfurt (29)- comenzó con sorpresa y acabó con un empate (1-1) gracias a los goles de Jovic (23′) y Pedro (45′) deja las espadas en todo lo alto para el partido de vuelta en Stamford Bridge.

Maurizio Sarri optó por dejar en el banquillo a Eden Hazard junto a varios ‘pesos pesados’: Higuaín, Kovacic, Marcos Alonso… “Tenemos cinco partidos en dos semanas y Hazard venía de jugar 10 partidos seguidos. Necesitaba descansar. Además, es un futbolista que puede cambiar los partidos desde el banquillo”, argumentó el técnico ‘blue’ para justificar su suplencia.

El ‘duelo del morbo’ entre Jovic y Hazard, pretendidos por el Real Madrid, se quedaba ‘cojo’ de inicio. El serbio, sin embargo, se encargó de darle lustre en la primera ocasión de peligro del partido. Corría el minuto 23 cuando robó el Eintracht, Jovic lanzó la contra abriendo hacia Kostic y él mismo se encargó de rematar el centro con un gran cabezazo en plancha.

Jovic volvía a demostrar que, con o sin Haller, el ‘9’ más de referencia del Eintracht, también puede ser resolutivo. No en vano, suma ya nueve goles en 13 partidos de Europa League -sólo Giroud (10) le supera- y 26 en lo que va de temporada. Sus goles, valga la redundancia, no son goles cualquiera. Hasta en cinco ocasiones ha abierto el marcador, más que ningún otro jugador en la presente Europa League.

El dominio y la presión asfixiante de las ‘Águilas’ se disipó tras el 1-0. El Chelsea, a base de ímpetu, comenzó a acorralar al Eintracht Frankfurt y, poco a poco, comenzó a poner cerco a la portería de Trapp con disparos lejanos. Pedro (27′), Willian (35′) y Loftus-Cheek (42′) probaron fortuna con tres tiros desde fuera del área que, sobre todo el primero y el último, salieron rozando el palo.

Después de tres avisos, en el 45′, llegó el 1-1. Loftus-Cheek se adueñó de un mal despeje a la salida de un córner botado pro Willian y cedió para que Pedro, tras controla con la diestra, marcara con la zurda. Doce goles acumula el canario este curso, cuatro en la Europa League.

Acoso sin derribo del Chelsea

El mismo guion continuó tras el descanso, pero con un Chelsea mucho más punzante. Los ‘blues’, de hecho, se toparon dos veces con la ‘madera’ nada más comenzar el segundo acto. Loftus-Cheek remató al larguero una contra que él mismo inició y finalizó en el 55′ y David Luiz envío al travesaño un libre directo en el 59′.

La salida de Hazard acto seguido, en el 61′, alimentó el dominio de un Chelsea que comenzó a ‘pivotar’ sobre Giroud, formidable de espaldas a portería. Las ocasiones, más allá de un posible penalti de Hinteregger sobre el ‘9’ galo, recayeron sobre sus compañeros de ataque. Trapp se lució para desviar un violento remate de Loftus-Cheek en el 74′ -el posterior remate de Hazard se estrelló en Hinteregger- y volvió a emplearse a fondo para detener un cabezazo de David Luiz a una falta botada por Hazard en el 77′.

La entrada de Gonçalo Paciencia por Gelson Fernandes en el 73′ dio aire a un Eintracht que gozó de dos buenas ocasiones en el tramo final. El propio Paciencia no llegó a rematar en boca de gol un pase de Danny da Costa en el 81′ y Abraham, con todo a favor, envió alto un cabezazo franco en el 85′.

El marcador, sin embargo, ya no se movería. El pase a la final se decidirá en Stamford Bridge. El 1-1, en cualquier caso, concede ligera ventaja al Chelsea por el valor doble de los goles en campo contrario. El gol de Pedro ‘frustró’ la fiesta de Jovic.


Sobre Bismarck 11694 artículos
Hola mi gent blaugrana. Mi nombre es Oscar Caballero Miranda. Industrialista desde 1990, Barcelonista desde que Rivaldo jugaba, seguidor de la Manschaft alemana(por eso mi nick es Bismarck) . Considero a Lionel Messi el mejor futbolista que he visto, y siempre estoy abierto a debatir con respeto. Un saludo culé!

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