Psicoanálisis: Depresión blaugrana.

Hola gent blaugrana. No hay mucho que aportar a lo que ya todos venimos observando. La prensa se infla con justificada algarabía. Los detractores afilan los colmillos aguardando el próximo tropiezo en que pongamos rodillas en tierra, para aprovechar el agasajo y desgarrarnos a mordiscos cual hiena que se lanza sobre la bestia herida. Una simple palabra pulula ahora en mi subconsciente: expectativa. Mientras que en el más consciente espacio de mi mente comienza a enraizarse otra mucho menos agradable: decepción. Dicen que quien mucho espera…

El sujeto de estudio en este caso es nuestro idolatrado club de mil amores, en toda su esencia y virtud. Ese por el cual derretimos el más tierno apego emocional día a día. Pues sí, hoy enfocaremos el análisis en la penante depresión que parece hundir al sujeto, una depresión engañosa, disfrazada, pero depresión al fin.

La expectativa. Surrealista como un Dalí.

Aún no había cerrado el mercado de verano y ya presumíamos de una plantilla tan prometedora, que nos colgamos la calcomanía de una orejona en el hombro y comenzamos a trazar planes de conquistas cuales generales del César. Bienvenido el gran trabajo de Segura, Planes y el estrenado Abidal. Bendita su gestión que nos permitió salir de ese ostracismo mediocre que arrastrábamos desde hace algunas temporadas, malgastando los reales, dejando escapar buenas piezas y llenando la casa de pesos plumas. Se abrió la posibilidad de conjurar un hechizo e inventarnos, muy resolutivos, un vestuario a la altura de la institución. Porque de aquella generación de ensueño ya quedan pocos, muy pocos. El último adiós, el de Don Andrés, nos dejó un mensaje muy claro que por alguna razón estúpida pretendemos desoír, pero que hoy comenzamos (creo) a tomar en cuenta.

Lograda una muy buena plantilla, a pesar de que algunos no pudieron desembarcar, el barcelonismo quedó si no satisfecho, bastante conforme y augurando triunfos casi seguros. Valverde juró de su boca hacia las cámaras que tiene lo que quiere y lo que el equipo necesita, una plantilla corta pero austera y capaz de las más indispensables conquistas. Además de las bienvenidas conseguimos decir ¨adeu¨ a mucho lastre. Todos felices y dicho lo dicho pues a soñar.

Un arranque de pretemporada que generó un estado de opinión muy positivo. Si bien los resultados no fueron eximios, la actitud colectiva de los suplentes fue bastante buena. Haciéndoles incluso mercado a algunas jóvenes promesas. Y los nuevos fichajes se mostraron un poco más que dignos de esta camiseta con tanta tradición y peso. Una final de Supercopa espléndida. Un Trofeo Joan Gamper a la altura. Servida la mesa. A degustar la felicidad.

3, 2, 1… ¡Disparo!

Y arranca el FCBarcelona a toda velocidad. Magnífico estreno en la Liga Santander. Un 3-0 que mostró a un Leonel Messi resoluto y a un Coutinho que enamora, aunque a nadie le gusta que le comparen con Iniesta, tampoco a él. Otra jornada y marca Dembélé. El mosquito finalmente nos comienza a librar de las dudas. Aún necesita tiempo, pero ya pica. Goleada abusiva contra el Huesca. ¡Este Messi no para! Cuarta jornada y vuelve a picar el mosquito, que pierde muchos balones en la última línea pero llega al gol. Estreno en Champions, la prueba de fuego, la promesa de Leo… ¡Voila! Hat-trick de la cabra y otra vez Dembélé, que ya se hace querer. ¡Esta temporada sí! Leo lo prometió.

Aún juega el mejor once. Esperamos las rotaciones de Valverde. Con esta plantilla todo se puede. ¡Todo se puede!

Valverde muy verde.

Y entonces el cielo se pone oscuro, como en esas películas de terror barato en las que ya sabes lo que va a acontecer, asoman algunos relámpagos a lo lejos y un escalofrío indeseable te hiela el cuerpo. Siendo graduado de Cocina Internacional, aunque ejercí muy poco, debo reconocer que un buen cocinero no es aquel al que le salen bien los platos, sino el que con los ingredientes necesarios obtiene un buen guisado, mucho mejor cuando hace magia con pocos ingredientes. Nuestro Chef aún no madura en esta cocina, ni con pocos o malos ingredientes, ni con los necesarios. Aunque a muchos les parezca descabellada esta afirmación por los beneficios de la pasada temporada, reitero lo que ya mencioné en alguna ocasión anterior: ambos títulos los consiguieron solo los jugadores sobre el terreno, que bregaron a piernas partidas hasta que cayeron destruidos y desgastados, y con ellos nuestro anhelo europeo, que casi se podía olfatear.

Pues eso, comienza Valverde a aplicar las tan necesarias rotaciones, esta vez con mejores opciones. Muchas. Pero no sé por qué a mí me huele a lo mismo. Durante el curso pasado mostró tantas variantes que supongo haya roto algún récord. Sin embargo siempre terminaron en el terreno de juego los de siempre, los que todo lo resuelven. El resultado nefasto nos llegó en la última parte como consecuencia. Un once demolido en cansancio, muy a pesar de que el Txingurri se inventó innumerables variantes para dar descanso a los titulares. Pensemos por un momento que existían algunos huecos en la plantilla. Pensemos que esa plantilla ha mejorado sustancialmente (y que nadie mencione, por Dios, la ausencia de Iniesta). El Chef ya ha probado más de un par de veces cambiando los ingredientes. El resultado: desabrido o muy amargo. En mi experiencia culinaria, los ingredientes son los correctos, dudo mucho de la calidad del Chef.

Anclados en el pasado.

Y es que, año tras año, las cosas van cambiando, los jugadores van evolucionando o descendiendo, la plantilla va tomando otras dimensiones y por alguna lógica, otras peculiaridades. Seguimos machacados buscando al Iniesta perdido, al Xavi que ya no está… Cosa rara que nadie se percate que sólo existe un Andrés Iniesta y un Xavi Hernández Creus. Pueden venir muchos Coutinhos y muchos Arthur, podrán florecer otros Riqui Puig, muy pronto Xavi Simons que viene detrás, y probablemente muy parecidos en alguna que otra cosa a los dioses de la era culé más encumbrada, pero ninguno es o será jamás el uno o el otro. Pongamos los pies en la tierra y saquemos provecho a Coutinho con el talento de Coutinho. Hagamos jugar a Arthur con la magia de Arthur… Pongamos a funcionar a un Barca con lo que tiene hoy el Barca, porque mucho talento sí que lo tiene. No podemos seguir jugando a un juego fantasma. Muchas cosas se han perdido desde aquel grupo que dirigió Guardiola, desde los conquistadores del sextete, y queremos recuperarlas con jugadores que tienen mucho talento, pero que no son los mismos. Y hay que aceptar de una buena vez que NO SON LOS MISMOS de aquella era gloriosa. ¿Y será que no se puede adaptar el juego a las condiciones de esta plantilla, sin pretender tener en el césped a los que ya no están? No se trata de perder la identidad, pero si nos fijamos un poquito, ¿qué cosa queda de aquel juego que hacía alucinar a cualquiera? Sucede algo parecido a cuando usted termina una relación, para poder emprender un nuevo camino hay que soltar, dejar ir, de lo contrario seguirá atado al pasado sin conseguir vivir presente alguno. Lluis Mascaró comentaba en Sport que este Barça ya no es el Barça. Me pregunto qué sucederá cuando nos divorciemos del Dios blaugrana.

Causa y efecto. El miedo al cambio.  

Y así las cosas. No nos atrevemos, o no queremos aceptar que hay algo que ya no funciona bien. Nos aterra pensar que se nos acaba Busi, que Messi en algún momento no podrá salvarnos más de la debacle. Que Piqué se va amedrentando con un desgaste que es natural. Aunque nos nacen ganas de gritarle algún disparate por los fiascos, habría que besarle las rodillas, por haber aguantado tanto.

Cuando algo no funciona, hay que recurrir al cambio. ¿Qué no nos funciona bien? Pues casi todo. No nos funciona bien el juego, el esquema, las alineaciones, las rotaciones… Y a pesar de tanta contradicción, seguimos estando en la élite del fútbol mundial. Pero un club de élite no se puede permitir andar a rastras, sobrevivir en la cima de la tabla sumando apenas dos puntos en tres partidos. ¡Despertar! ¡Que somos el Barça! ¿Será que seguiremos esperando algún milagro genético que nos devuelva a una generación pasada? ¿Será que no podemos encontrar un Chef a la altura de nuestra cocina? ¿Serán las causas tan graves que no podemos revertir el efecto?

Diagnóstico: Depresión, crisis de ansiedad, despersonalización, entre otros. Veremos como lo manejamos ante el próximo rival, un Tottenham muy bien armado. De cualquier forma, sigamos gritando “¡Visca Barça!” mientras alguien, en algún lugar descubra la fórmula del agua tibia.

M@ndy.

Sobre mandy69 8 Artículos
Nacido en la ciudad de Holguín el 11 de octubre de 1984, libra y rata bajo la influencia del AIRE. Amante de las artes plásticas, obrador de pinceles y lápices de dibujo hasta algún paraje del lejano hastío. Enamorado del arte culinario abrazando la profesión. Devenido Técnico en Sistemas de Transmisión Eléctrica. Lector furtivo. Escritor demente y periodista por cuenta propia. Futbolista macabro por obra y gracia del balón. Culé por envenenamiento y pasión. Soñador empedernido, recolector de conocimientos varios, fotógrafo ocasional y coleccionista de muy buenos amigos.

2 Comentarios

  1. Excelente tu crónica mi herma, la verdad que estoy de acuerdo con todo eso que dices. JAjaja, nuestros amigos madridistas es cierto que andan vueltos locos por sus resultados y pendientes de lo que hacemos siempre.
    Me parece que la depresión los afectará más a ellos que a nosotros al final.
    Un abrazo, tienes vía libre en el blog brother.

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