Martes de Leyenda-El partido más sucio de la historia: puñetazos, sangre, expulsiones e intervenciones policiales

  • El Chile-Italia, conocido como ‘La batalla de Santiago’, ocurrió el 2 de junio de 1962

Seguramente nadie lo describió mejor que Frank McGhee, un cronista de boxeo que hizo carrera en el Mirror. “El Chile-Italia del Mundial de 1962 fue el partido más feo, viciado y vergonzoso en la historia del fútbol. Y si creen que estoy exagerando, veánlo en televisión. Pero antes manden a los niños a la cama. ¡Debería ser calificado sólo para adultos!”.

El primer intento de la FIFA del fútbol como dinamizador de un país subdesarrollado fue la edición de Chile. Las amenazas del boicot sudamericano habían surtido efecto seis años antes para ser elegida sede, en un momento de prosperidad para este deporte que había alumbrado la Copa de Europa. Chile había abandonado un sistema feudal y se disponía a ser escrutado por los ojos de los periodistas, cuyo primer contacto hirió la sensibilidad local.

“Como explicó El Gráfico argentino, las críticas italianas no fueron precisamente elogiosas”, recuerda telefónicamente desde Chile, Luis Urrutia, historiador del fútbol y autor del libro Tómala, metete, remata. Antonio Giselli, enviado especial del Corriere della Sera, que no era periodista deportivo, escribió un artículo titulado Santiago, el confín del mundo que fue una bomba. En él relataba que el país estaba afligido “por todos los males posibles: desnutrición, analfabetismo, alcohol, miseria. Barrios enteros dedican la prostitución al aire libre… En otras ciudades del mundo tienen un límite; aquí afectan a cientos de miles de personas”. El de Corrado Pizzinelli, de La Nazione, no era menos hiriente: “Santiago es un campeón de los problemas más terribles de América Latina”, al tiempo que auguraba pérdidas de más de 1.000 millones de liras.

Expulsados del país

La aversión hacia Italia, que tenía que enfrentarse en la segunda jornada de la fase de grupos a la anfitriona, subió de tono. Aquello se interpretó en términos bélicos. Los periodistas fueron expulsados del país y otro colega argentino, al que le confundieron por italiano en un bar, acabó en un hospital de una paliza.

Tampoco ayudó la violencia con la que arrancó el torneo. Cumplidos los dos primeros días el balance era terrible: cuatro expulsiones, tres piernas rotas, varias costillas rotas y un tobillo fracturado. El Argentina-Bulgaria, dirigido por el español Juan Galdeazábal, había registrado ¡69 faltas! y en el Yugoslavia-Rusia, Mujic le había roto la pierna al ruso Dubinski. Aunque escapó de sanción, fue su propia federación la que le apartó un año sin jugar.

En ese escenario, Italia saltó a las 14.52 del día 2 de junio al Nacional de Santiago, el estadio que luego asistiría a las mayores atrocidades del regimen de Pinochet. En señal de paz, los jugadores italianos se dirigieron a la curva sur a repartir claveles entre el público, pero la gente, indignada, se los tiró al suelo.

Galdeazábal había sido designado para arbitrar el encuentro, pero en el último momento, entendiendo que al español le podría la presión, la FIFA lo cambió por Ken Aston, un veterano colegiado, antiguo teniente coronel inglés que había tomado parte en la II Guerra Mundial en el Pacífico.

La creación de las tarjetas

“Fue ese partido el que despertó la idea de crear las tarjetas amarillas y rojas años más tarde a Aston mientras esperaba un semáforo en Kensington Road”, sostiene Urrutia.

A los 12 segundos se produjo la primera falta; a los cuatro minutos, la primera tángana -la policía intervino constantemente para separar a futbolistas, suplentes, fotógrafos…- , y a los ocho ya había sido expulsado Ferrini por una falta sobre Landa. Tuvo que ser retirado por la policía.

“Enseguida, los jugadores se olvidaron de la pelota y sólo estaban concentrados en patear al siguiente rival”, contó el Mirror. A los 20 minutos, el italiano Mario David trabó a Leonel Sánchez, que era hijo de un boxeador. Y cuando fue a darle la mano, éste le soltó un bofetón. Inmediatamente se produjo otra falta y cuando Sánchez fue a interesarse por su compañero Eladio, Humberto Maschio, italiano de origen argentino, le propinó un puñetazo. “Fue el 8, fue el 8…”, le dijeron los fotógrafos a Leonel, que, curado, minutos después regresó a la cancha.

Entonces, Fouilloux, un futbolista chileno al que le dedicaron una canción incluso, se acercó a Maschio y le soltó: “Te metiste con quien menos debías”. Minutos más tarde, Sánchez le devolvió el puñetazo y le fracturó el tabique nasal cuando el árbitro no miraba.

Y llegó lo peor. En el minuto 40, David, el lateral del Milan con el que ganó la Copa de Europa de 1963, cazó descaradamente a Leonel y lo pateó, con el balón por medio, en el suelo. Sánchez se levantó y le lanzó otro puñetazo que le dio en el mentón. Goldstein, un juez de línea estadounidense de origen judío que se salvó de morir en la cámara de gas porque un oficial nazi preguntó en la fila de la muerte si alguien sabía dirigir un partido de fútbol, no quiso verlo.

“Seguramente lo vio. Pero no me lo dijo. Se calló. En ese partido era yo contra 22 hombres“, dijo Aston a The Guardian. “Lo único que hizo fue acercarse al guardalíneas (asistente) mexicano y decirnos que nos echaba a la siguiente”, recuerda Leonel Sánchez, que hoy tiene 82 años.

El K.O. arrojó un nuevo tumulto y el partido se detuvo otros cuatro minutos con intervención policial por tercera vez. Nada más reanudarse, David se tiró “en plan karateka”, recuerda Urrutia, “contra el hombro izquierdo de Sánchez”. Aston esta vez lo vio y mandó al italiano al vestuario, quedándose la azzurra con sólo 9 jugadores.

Pensó en abandonar

“El médico me decía ¿dónde le duele? y yo sólo le preguntaba que qué había pitado el árbitro. El fútbol es picardía“, recordó Sánchez.

En la segunda parte, el entramado defensivo italiano cedió. Llegaron los goles. La dureza siguió, pero ya no hubo más expulsados. “Yo imaginaba un partido difícil, no un partido imposible. Lo hice lo mejor que pude. Pensé abandonar el partido, pero temí por la seguridad del equipo italiano”.

Italia siguió en el Mundial custodiado. Se prohibió la entrada en bares y supermercados a sus seguidores. Y en Roma el ejército tuvo que custodiar el consulado chileno. “Un periódico dijo que Aston era una innombrabe sabandija inglesa. Y estoy de acuerdo”, sostiene aún Mario David.

TOMADO: http://www.marca.com/

Acerca de neymar11

Mi nombre es Jorge Infante Verdecia, vivo en la provincia de Holguín. Soy fiel seguidor del FC Barcelona y Brasil, es decir fanático del buen fútbol. Por eso mi jugador favorito es Neymar.

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