No se acostumbren a Messi y a Cristiano

messivscr7Semana de Barcelona-Real Madrid, el mejor partido que se puede ver hoy, con los dos monstruos. Un consejo: disfrútenlo porque no van a durar siempre. Me refiero a Messi y a Cristiano, no a los Barça-Madrid. Es evidente que el día que ellos ya no estén los Clásicos seguirán siendo partidos apasionantes
porque esa rivalidad futbolística no va a prescribir nunca, pero nada volverá a ser igual. Durante los últimos ocho años nos hemos acostumbrado de tal forma a sus prodigios que ya otorgamos carácter de
normalidad a lo que en realidad nunca ha dejado de ser extraordinario. Hagan la prueba: comparen sus números con los de cualquier otro de los fantásticos futbolistas que les rodean en sus respectivos equipos. Decía Baltasar Gracián que “la costumbre disminuye la admiración y una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida”. Es un consuelo comprobar que hace cuatrocientos años éramos igual de zoquetes.
Porque hay que ser un zoquete para no darse cuenta del privilegio que supone asistir en directo a esta rivalidad entre dos genios del fútbol como seguramente no haya habido ni vuelva a haber otra en la historia de este deporte. En vez de deleitarse cada jornada con sus exhibiciones, muchos se obcecan en desmerecer (o descalificar directamente) los méritos de uno para colocar por encima a su preferido,
como si no pudiera admirarse a ambos como merecen. Es la cultura del odio y la banalidad que campa a sus anchas en las redes sociales y radiografía las miserias de una sociedad corroída por una degradación de valores alarmante.
INFLUENCIA CRECIENTE
Así, después de leer su enésimo entierro deportivo tras salir de una delicada lesión, Cristiano ya encabeza el Pichichi con su promedio habitual: un gol por partido. Si él está acabado, cómo estarán los demás. Messi, por su parte, aglutina por completo el juego de un Barça plano en la zona ancha al que la Real Sociedad recordó cómo jugaba el Barça de Guardiola. La creciente dependencia del 10 ha despersonalizado el fútbol posicional y de triangulaciones de un Barcelona que sorprendentemente ya
no sabe qué hacer con la pelota. Acercándose al área el portugués y alejándose el argentino, la influencia que ejercen en sus equipos, lejos de disminuir, aumenta.
Por eso mismo sus clubes son los primeros que conocen la magnitud del vacío que un día dejará su ausencia y, previsores, hace tiempo se preocuparon en buscarles el recambio que asegurase un relevo lo menos traumático posible. Así fue como llegaron Neymar y Bale, dos de los principales candidatos a ocupar el trono que (colóquenlos en el orden que prefieran) ostentan Messi y Cristiano a mucha distancia del resto.
LA AMENAZA INGLESA
Pero no sólo Madrid y Barcelona persiguen garantizarse ese relevo. La semana pasada Mauricio Pochettino avisaba en una entrevista en MARCA: “Los próximos Messi y Cristiano estarán en la Premier”. Y me temo que pueda tener razón el técnico del Totenham. Como también lo teme el presidente de LaLiga, Javier Tebas, quien sabe mejor que nadie el incomparable reclamo que para nuestro fútbol supone contar con los dos mejores. De ahí que se esté afanando en renegociar contratos de imagen y patrocinio y en expandir la marca a nivel internacional a la sombra de estos dos gigantes.
Hace un mes, en una conferencia sobre el futuro de la industria del fútbol profesional, Tebas expuso el riesgo que acecha: “Tenemos que alcanzar a la Premier en cuatro años, porque si no reducimos esa diferencia (el valor de negocio del fútbol inglés, 5.982 millones, casi duplica al español, 3.682) no podremos tener a los mejores jugadores. La Premier será la NBA y LaLiga será la ACB”.
Pero en cuatro años Dios proveerá. Como decía antes, es semana de Barça-Madrid: frente a frente los dos mejores equipos, los dos mejores futbolistas. Hágame caso y disfrute. De los dos.

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